04 septiembre 2011

Medinaceli proclamó la independencia del Alto Perú

ANTES DEL DECRETO DEL 9 DE FEBRERO DE 1825

Corría el año de 1825. El Cnl. Carlos Medinaceli que desde la victoria de Junín se había replegado a la localidad Talina, población cercana a la frontera con la Argentina, entre Potosí y Tarija, el 9 de enero de ese año escribió una carta al Gral. Pedro Antonio de Olañeta persuadiéndole a acogerse a la Capitulación de Ayacucho, de lo contrario ya no contaría con sus tropas y lucharía contra él hasta derrotarlo.

La respuesta nunca llegó. Entonces decidió poner en práctica el plan acordado con los doctores de Charcas, la casta política de entonces, varios comandantes realistas de plaza y las facciones guerrilleras. En la misma fecha escribió otra carta dirigida al Gral. Sucre, comunicándole que el primer día de febrero, proclamaría en la capital de Chichas, Cotagaita, la “independencia total del Alto Perú de la Corona Española y de los Virreinatos, de las Provincias del Río de La Plata y del Perú.” Este valiosísimo documento, suscrito mueve días antes del célebre decreto del 9 de febrero, nos revela que cuando Casimiro Olañeta aún no se había reunido con Sucre en Puno, Carlos Medinaceli se anticipaba anunciando a Sucre que proclamaría en tierras potosinas la independencia de Charcas. Aquí surge la pregunta, ¿donde queda aquello que fue Casimiro el que inspiró en el Gral. Sucre, camino a Acora, la idea de la Independencia, si este documento inédito además revela que Casimiro era el portador personal de la carta del Cnl. Medinaceli comunicando a Sucre de manera escrita, su decisión de proclamar la independencia del Alto Perú? Con esta noticia, a Sucre nada le quedaba por hacer, sino llevar al papel la decisión de los patriotas chicheños de proclamar, antes del Decreto del 9 de febrero, la independencia y no pertenecer a España ni a las provincias Unidas del Río de La Plata ni del Perú.

Casimiro Olañeta era el portador de las cartas suscritas el 9 de enero por Medinaceli, entregando en mano propia a su tío el Gral. Olañeta y al Gral. Sucre. Las cartas significaban dos certificados totalmente contrarios: la que estaba destinada a su tío, implícitamente era su certificado de defunción; la dirigida al Mariscal Sucre, el certificado de nacimiento de una nueva república.

Si bien la proclama no sustituye al acta de la independencia, se anticipa a ella y al mismo Decreto del 9 de Febrero de 1825, demostrando incuestionablemente que Medinaceli fue el primero en proclamar la idea de la independencia de Charcas, ratificada posteriormente en el acta del 6 de agosto; es decir, la decisión soberana del pueblo charquino se hace pública en Cotagaita siendo el acta una consecuencia escrita y formal de esa proclama, pues ya nada se decide en la Asamblea Deliberante sino ratificar la voluntad del pueblo que recoge el mismo decreto del Mariscal Sucre, como sale del texto del acta de la independencia.

En la última campaña por la independencia, a Medinaceli le seguía la influencia fatal de los dos Olañeta, Casimiro y Pedro Antonio. El primero, que había facilitado su conversión a la causa patriota madurada desde mediados de 1824, sería el encargado de sepultar su participación en la liberación nacional, entregándole ramos no de flores sino de ingratitudes y de espinas. El otro Olañeta, después de haber modelado su personalidad militar, con alto sentido de valor en la guerra, le obligaría a luchar contra él hasta derrotarlo. Por eso es que cuando vuelca su espada, con hidalga caballerosidad, le pide una honrosa rendición con el advertido de usar la fuerza si las circunstancias de una eventual resistencia así lo mandaren. ¡Cuan complicado fue su destino! Ya en Talina, con un Olañeta de su lado, transitó de las ideas a la acción sin otra alternativa que combatir al otro Olañeta, dueño absoluto del Alto Perú, ignorando que días después de la victoria de Tumusla recibiría a cambio diatribas de los mismos que imploraron su concurso para derrocar al general rebelde. Estos no tardaron en tildar su valor como traición, pretexto para borrar su nombre de la historia nacional, aún sabiendo que Medinaceli se alió a la conjura sólo por amor a la patria, sin recompensa que manche su honesta conducta. Sus detractores, testigos del dolor que le causaba ver a su patria desangrarse, supieron de su valor al abrazar la causa de la libertad; empero, no salieron en su defensa y a la hora de la verdad, justificando su silencio, cobardemente dijeron que era un traidor de la víspera.

Medinaceli, precedido de estos antecedentes, con su destino cruzado por caminos de calumnias y mentiras, se presentó en la histórica Cotagaita el 1º de febrero de 1825 para proclamar la independencia nacional. A las tres de la tarde, rodeado de sus oficiales y comandantes guerrilleros, después de recorrer con la mirada la gente que lo escuchaba, pronunció estas palabras, de las que extractamos algunas partes:

“Compatriotas y camaradas:

Ha llegado el día en el cual como naturales del país y soldados de la patria, debemos pronunciarnos y proclamar la independencia y autonomía de nuestra Patria de Charcas, mal llamada Alto Perú, del Imperio Español y a la vez de los ex virreinatos, hoy Repúblicas del Perú y las Provincias Unidas del Río de La Plata.

“Hoy 1o.de febrero de 1825 proclamamos nosotros en esta ciudad capital de Chichas, con todos sus pueblos y sus tropas a nuestro mando. El día 15 del corriente mes la proclamará en la capital Chuquisaca, el Sr. Cnl. Fco. López de Quiroga, con sus Dragones de la Frontera. El Cnl. Juan Ml. Mercado ocupará Santa Cruz.

“Si el Gral. Olañeta, el Cnl. Valdez y otros jefe y oficiales no recapacitan, rectifican su conducta y no admiten al fin la Independencia de la Patria, lucharemos contra ellos y los reduciremos. No lo dudéis.

“Aún Tarija con el Gran Guerrillero Cnl. Eustaquio Méndez, está enviándonos 500 hombres de refuerzo, con lo cual nuestro Regimiento y Batallón “Cazadores” y “Chichas”, comandados por los Tcnls. Melchor Daza y Miguel Mérida, contarán con1.300 efectivos.

Compañeros y camaradas: ¡Viva la libertad y viva la Patria!
Cotagaita, febrero 1º. de 1825. Cnl. Carlos Medinaceli.

No cabe duda que estos documentos irrebatibles cambian el curso de la historia y enrostran la cobarde y servil actitud a los falaces que todavía se resisten a aceptar esta verdad histórica. Encumbrados en posiciones radicales, prefieren huir de la verdad para seguir difamando la memoria del verdadero libertador del Alto Perú, cuando las pruebas demuestran que no hay otra verdad que ésta, y no hay otro libertador que Medinaceli. Felizmente de ellos quedan pocos, pero esos pocos son dañinos y provienen todavía de una casta de aduladores y pérfidos, que en tiempos de la independencia, eran conocidos como “dos caras”, y hoy todavía los tenemos ahí, crueles y terriblemente malvados.

La memoria del Libertador del Alto Perú, y de los bravos combatientes que lucharon en Tumusla, exige de nosotros la valentía de reconocer en el mismo lugar donde se forjó la libertad, que el 1º.de abril de 1825 sea declarado el Día de la Independencia Nacional por Ley de la República, manteniendo firme el 6 de agosto como el día de la suscripción del acta de esa independencia. Y, como reconocimiento a esos patriotas, denominar la carretera que une Sucre, Potosí con la Argentina como “La Ruta de la Independencia”, erigiendo en la localidad de Tumusla, un monumento a la Independencia con el busto del Cnl. Medinaceli. Además de restaurar el cuartel de “Puca Huasi” para convertirlo en un museo militar, donde se concentren las piezas más importantes de la última campaña del Alto Perú y reposen allí, a la entrada, los restos del Libertador Medinaceli cuya búsqueda ya hemos iniciado.

No cabe duda que estos documentos irrebatibles cambian el curso de la historia y enrostran la cobarde y servil actitud a los falaces que todavía se resisten a aceptar esta verdad histórica. Encumbrados en posiciones radicales, prefieren huir de la verdad para seguir difamando la memoria del verdadero libertador del Alto Perú, cuando las pruebas demuestran que no hay otra verdad que ésta, y no hay otro libertador que Medinaceli.

Felizmente de ellos quedan pocos, pero esos pocos son dañinos y provienen todavía de una casta de aduladores y pérfidos, que en tiempos de la independencia, eran conocidos como “dos caras”, y hoy todavía los tenemos ahí, crueles y terriblemente malvados.

La memoria del Libertador del Alto Perú, y de los bravos combatientes que lucharon en Tumusla, exige de nosotros la valentía de reconocer en el mismo lugar donde se forjó la libertad, que el 1º.de abril de 1825 sea declarado el Día de la Independencia Nacional por Ley de la República, manteniendo firme el 6 de agosto como el día de la suscripción del acta de esa independencia. Y, como reconocimiento a esos patriotas, denominar la carretera que une Sucre, Potosí con la Argentina como “La Ruta de la Independencia”, erigiendo en la localidad de Tumusla, un monumento a la Independencia con el busto del Cnl. Medinaceli. Además de restaurar el cuartel de “Puca Huasi” para convertirlo en un museo militar, donde se concentren las piezas más importantes de la última campaña del Alto Perú y reposen allí, a la entrada, los restos del Libertador Medinaceli cuya búsqueda ya hemos iniciado.

"No cabe duda que estos documentos irrebatibles cambian el curso de la historia y enrostran la cobarde y servil actitud a los falaces que todavía se resisten a aceptar esta verdad histórica"

"La memoria del Libertador del Alto Perú, y de los bravos combatientes que lucharon en Tumusla, exige de nosotros la valentía de reconocer en el mismo lugar donde se forjó la libertad..."

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