26 julio 2015

Potosí: la crisis del extractivismo y la dependencia



El modelo improductivo, dependiente y extractivista de larga data, hace que este departamento, a pesar de ser un pilar fundamental de la economía nacional, sea uno de los más pobres, con altas tasas de desempleo y sin industrialización

El conflicto de Potosí está vinculado, entre otros factores, a la crisis económica que genera el extractivismo y a la baja de los precios de las materias primas en el mercado internacional. Potosí es el departamento más extractivista del país y, más allá de la legitimidad y la legalidad de los 26 puntos que encarna su demanda cívica, lo que el departamento busca, en el fondo, es salir del pozo del modelo improductivo que lo ha llevado a depender invariablemente de los ciclos, más la demanda de materias primas, determinados por el sistema capitalista.

En esta dirección, Potosí busca una alternativa al modelo de desarrollo extractivista y dependiente que el gobierno del MAS profundizó los últimos diez años.

Los datos de este proceso de afianzamiento de la dependencia de la economía nacional el último decenio son contundentes.

Por ejemplo, el año 2014 el 82% de las exportaciones fueron de minerales e hidrocarburos y solo un 17% productos no tradicionales, como soya y textiles. El crecimiento del PIB registrado el año 2013 fue del 6,78%, pero sin minería e hidrocarburos sería menos del 3%. A esto hay que añadir la prevalencia de una débil industrialización y la falta de una política de desarrollo productivo y diversificado.

La “bonanza económica” que ha disfrutado sobre todo el Gobierno central los últimos diez años ha dependido de la profundización del incremento de las exportaciones de gas, minerales, soya hacia el mercado internacional y el aumento de precios de las materias primas. Algo de esto ha “goteado” a las regiones como Potosí, vía impuestos, regalías, generación de empleos precarios en la minería y agregación de la demanda interna.
Sin embargo, la caída de los precios de las materias primas ha generado una reducción cercana al 30% de los ingresos por exportaciones del país hasta el primer semestre del 2015 y ha provocado el marco económico de crisis del conflicto de Potosí que ha vivido este decenio de la explotación de minerales fundamentalmente.

El modelo improductivo, dependiente y extractivista de larga data, hace que este departamento, a pesar de ser un pilar fundamental de la economía nacional, sea uno de los más pobres, con altas tasas de desempleo y sin industrialización.

El informe del PNUD del año 2010 establece que tiene la mayor cantidad de personas sin acceso a los servicios básicos en salud, educación y con más bajos ingresos, y, junto a Chuquisaca, es el departamento más desigual en términos de ingresos y el más pobre.

Lo que hace más grave el tema es que la crisis de las materias primas no es algo coyuntural. Si vemos el comportamiento de los precios de los minerales, estos vienen cayendo sostenidamente desde 2012, y en el caso de la soya, el petróleo y el gas desde 2014. Estamos frente a una caída general de los precios de las materias primas.

La respuesta gubernamental frente a este panorama es: liberalización de impuestos a la minería, apertura de las áreas protegidas a la exploración y explotación petrolera, impuestos a la población y mayor endeudamiento externo; es decir, una vuelta de tuerca al modelo extractivista que profundizará el empobrecimiento de las regiones y del país en su conjunto.

Dependencia y saqueo
El conflicto potosino ha tenido la virtud de clarificar el problema de fondo de la nación boliviana: salir del modelo dependiente y empobrecedor que soporta desde su fundación como República para iniciar un verdadero proceso de liberación nacional económica y política.

Decía Marcelo Quiroga que este es el signo de nuestra historia: “Nacimos como República, nacimos formalmente independiente, nunca lo hemos sido, somos parte del sistema imperialista y, por lo tanto, formamos parte del área sometida, subordinada, explotada a nivel internacional. Pero tuvimos la fortuna de tener en nuestro territorio recursos no renovables como el estaño, como la plata antes, como el petróleo, hasta hace poco, y el gas del día de mañana. Pero también hemos tenido el infortunio histórico de ser poseedores de esos recursos. Ellos han atraído al capital financiero internacional. Ellos son la base de la consolidación económica de las oligarquías que han de explotar a nuestro pueblo”.

Esta doble dimensión económica y política de la dependencia lleva a que los recursos naturales “son el dinero de un día, el pan de un día y el hambre de mucho tiempo. Ahí está el Cerro Rico de Potosí. Lleno de agujeros, como testigo mudo de una riqueza pasada que jamás sirvió al pueblo… Y ahora quieren agotar este último recurso que queda a los bolivianos que es el gas”.

Potosí necesita muchas cosas, entre otras, energía, que es igual a desarrollo para garantizar los emprendimientos industriales que exige: fábrica de cemento, parque industrial, industrialización del litio y los minerales que hoy se van como concentrados al mercado internacional.

Es necesario construir un gran gasoducto desde el Chaco para gasificar esa región y el país en su conjunto, como lo pidió el pueblo alteño a través de la Agenda de Octubre: “gas para los bolivianos”. Nacionalizar su minería, por ejemplo San Cristóbal, que deja pobres ingresos al país y al departamento.

Potosí necesita salir de la dependencia y el saqueo que la sumió en la pobreza más oprobiosa desplegando un modelo de desarrollo productivo, industrial y con soberanía tecnológica a la altura de los desafíos del siglo XXI.

A las 26 demandas del pueblo potosino le falta una y central: salir de las políticas del modelo extractivista, dependiente y empobrecedor que arrastra Potosí y el país desde su fundación.

Este es el fondo del asunto. Potosí es un problema nacional.

* Es periodista.

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