17 mayo 2012

15 de mayo de 1617, ejecución de Alonso de Ibáñez

Descubierta la montaña de plata de Potosí en 1545, surgió una espléndida ciudad a los pies de este majestuoso Cerro en forma de cono, al principio poblado solamente por indígenas y algo más de 170 españoles, la noticia de que el Cerro era de plata pura atrajo a muchos aventureros de muchas regiones del mundo, quienes ávidos de riqueza fácil llegaron a tierras del Alto Perú y en poco tiempo se construyeron 2.500 viviendas que llegaron a albergar a más de 14.000 personas. A más riqueza extraída, más gente, y el crecimiento de la ciudad era imparable, de 1580 a 1630 los habitantes de la ciudad de Potosí ascendieron a 160.000 almas. Por entonces Potosí llegó a constituirse en la metrópoli más poblada del mundo,

En este mar de gentes, los españoles que constituían la mayoría de la población, llegaron a ocupar los espacios más privilegiados y surgieron las ambiciones de poder e enriquecimiento rápido. Los vascongados (que se diferenciaba por llevar una boina), compuesto por españoles nobles llegaron a ejercer predominio en el aparato administrativo y comercial, en cambio los vicuñas formado por castellanos, gallegos y catalanes (que llevaban un sombrero de lana de vicuña, adornado con una cinta roja), también se sentían con los mismos derechos pero al verse desplazados por los primeros cuestionaron y el distanciamiento entre estos dos bandos se había ahondado y surgieron los odios y rivalidades que desencadenaron en un terrible enfrentamiento entre ambos bandos.

Aquella lucha que parecía circunscribirse solamente entre los bandos rivales arrastró también a los criollos españoles nacidos en estas tierras y mestizos que vieron como una causa suya la de los vicuñas y surgió al figura de Alonso de Ibáñez, un mozo criollo nacido en el pueblo de Tarapaya, cerca de Potosí, dentro de una familia de moderada fortuna, que en su juventud había estudiado en la célebre Universidad de Salamanca, vuelta a su tierra natal se dio cuenta de la situación y se enroló en el bando de los vicuñas, formando un ejército dio dura batalla a los vascongados al grito de: ¡Yo plantaré el estandarte de la libertad!

Alarmado el virrey del Perú por el rumbo que iba tomando esta contienda, envió a don Rafael Ortiz de Sotomayor como gobernador de Potosí, y a la vez, tenía que poner fin a la encarnizada lucha que sostenían vicuñas y vascongados. Alonso de Ibáñez pretendía que estas tierras fueran administradas por los propios criollos, y ante la arremetida del ejército del virrey, buscó refugio en su hacienda denominada Ulti, muy cerca de Potosí. El gobernador que estaba muy informado de los movimientos del líder de los vascongados, envió un ejército al mando de Pedro de Oyanume. Ibáñez y un grupo de sus leales ofreció dura resistencia, finalmente fue derrotado y tomado preso durante la noche, cuando sus cansadas tropas descansaban después de la ardua jornada.

Conducido a la ciudad de Potosí, fue sometido a un juicio rápido y sentenciado a morir a la pena del garrote, habiéndose señalado el 15 de mayo de 1617 para su cumplimiento en la plazuela del “Gallo”. Temiendo la venganza de los vicuñas por haber mandado a ejecutar a su principal jefe, el gobernador Sotomayor huyó a Lima, sin embargo, hasta allí le siguió doña Leonor, la viuda de Ibáñez, quien se interpuso en su camino y le asestó una certera puñalada en el corazón, vengando así la muerte de su esposo, luego retornó a Potosí donde pasó al olvido.

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