06 septiembre 2015

Katherine Grigsby, coordinadora residente de las Naciones Unidas en Bolivia “El fortalecimiento de la democracia plural es uno de los retos pendientes”

Katherine Grigsby, quien concluyó su misión como coordinadora residente de las Naciones Unidas en Bolivia, dice que el país, bajo el gobierno de Evo Morales, ha avanzado significativamente en muchos aspectos, como la reducción de la pobreza y la extrema pobreza, pero que está lejos de poder decir "misión cumplida”, ya que le quedan muchos desafíos pendientes.

El principal, según la diplomática, es "el fortalecimiento del ejercicio democrático en términos del pluralismo político”. "Tiene que darse un proceso de mucha mayor apertura para el juego democrático y para la participación en plenos derechos de los partidos políticos”, afirma en el Desayuno de Trabajo de Página Siete.
Grigsby, quien ejerció el cargo desde abril de 2013, se dispone a asumir la representación de la UNESCO en el Caribe.
¿Cuál es su balance de su gestión en Bolivia?
Llegué en un momento de la historia muy importante. He tenido la suerte de acompañar un proceso de transformación profunda del Estado boliviano, que, evidentemente, no nace en estos últimos años, sino que es producto de toda una historia de lucha de la sociedad boliviana. De cualquier manera, llegué cuando se produce un cambio importante, entre el primer periodo del presidente Morales y el que me tocó asumir. Ese primer periodo estuvo caracterizado por una tensión muy grande y una conflictividad bastante alta que tuvo que ver con el proceso constituyente. Ahí, NNUU jugó un rol de acompañamiento y de diálogo político en el sentido más amplio. Cuando yo llego, ya está en camino un conjunto de políticas sociales y económicas que obedecen a este proyecto de cambio. Nosotros tratamos de impulsar una agenda que permitiera acompañar al Estado boliviano en el cumplimiento de las Metas del Milenio que evidentemente son objetivos importantes y desafiantes. Coincide también esta gestión con una bonanza económica, un contexto internacional que favorece mucho a Bolivia y hay un intento de redistribución de la riqueza con políticas sociales que da resultados interesantes. Hemos acompañado esta gestión a través de programas y proyectos que tienen que ver con la reducción de la pobreza y la inequidad. Ciertamente, Bolivia experimenta una mejoría importante. Pero, si bien hay una mejoría importante en relación a la pobreza y la pobreza extrema, esta mejoría que se da en la población, que ha pasado a los estratos de ingreso medio, no necesariamente significa una mejoría en el cierre de la brecha de la desigualdad. Es decir, la brecha aún es profunda y hay otras tareas pendientes.
¿Cuáles son esas tareas?
El país necesita avanzar en la diversificación productiva. Sigue muy dependiente de los hidrocarburos, los minerales, la soya. No hay diversificación. Tampoco hay una productividad lo suficientemente elevada. Esto está vinculado con el tema del empleo. Prácticamente el 68% de la ocupación está representada por el sector informal. Hay una vulnerabilidad muy grande, una debilidad enorme en términos del empleo, con todo lo que eso significa en términos de estabilidad. El Estado boliviano está trabajando en un plan de desarrollo vinculado a los 13 pilares de la Agenda 2025. Tenemos la expectativa de que se trabajará en esos temas en los años venideros. Otra tarea pendiente es la educación. Bolivia ha avanzado en la cobertura de la educación primaria, se ha universalizado, pero el tema es la calidad de la educación. Los niños y niñas que acceden a la escuela no necesariamente permanecen en el sistema. Bolivia también tendrá que hacer un esfuerzo enorme en la escuela secundaria. Hay un grupo grande de población en edad estudiantil juvenil que está fuera de sistema, que ni estudia ni trabaja, son los ninis. Sólo el 55% de esta población estudiantil está en el sistema formal.
¿Cómo ha acompañado NNUU al gobierno en la solución de esos problemas?
Eso me lleva a un tema importante que tiene que ver con la relación de la nueva cooperación internacional. Hace unos 10 años la cooperación internacional, incluyendo el sistema de NNUU y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), jugaba un rol de incidencia y ejecución de las políticas públicas a través de programas y proyectos. Más del 60% de la cooperación internacional financiaba la política social. Hoy, eso redujo completamente. La cooperación internacional no llega a representar más del 8 o el 10%. La política del Estado boliviano es ahora financiar estos programas y proyectos con recursos propios, con la redistribución de la ganancia de los hidrocarburos y demás ingresos.
El PNUD ha sido tradicionalmente un espacio para la interpelación al Estado sobre los desafíos y temas pendientes del desarrollo, pero, en este momento, Bolivia parecería estar montada en un cierto exitismo con la bonanza económica. Entonces, ¿qué está haciendo NNUU para alentar al Estado a ver los problemas y ayudar a resolverlos?
Hoy por hoy el Estado marca la agenda y tiene sus prioridades muy definidas. El papel que nos queda es menor, más bien de asistencia técnica personalizada, de movilización de la cooperación y acompañamiento al Gobierno en la implementación de sus políticas. Hay una predominancia hegemónica, una omnipresencia del MAS en todos los estamentos de la sociedad, y la posibilidad de hacer una contribución desde una perspectiva como la que Ud. está planteando, está definida por el Estado en el marco de lo que se llama una relación bilateral y sectorial. NNUU trabaja directamente con los ministerios respectivos en los temas sectoriales. Hemos acompañado a los ministerios en la ejecución de sus políticas y los hemos apoyado con expertos y el conocimiento que traen de otros países que han vivido determinados procesos de los cuales Bolivia podría nutrirse y viceversa, porque, ciertamente, Bolivia está siendo observada, es una referencia importante.
En relación a los Objetivos del Milenio, ¿cuál es la calificación boliviana?
Bastante positiva, no lo podemos negar. Por ejemplo, con la reducción de pobreza, la mitad de la población pasó al estrato medio de ingresos, aunque en condiciones de vulnerabilidad; en alfabetismo, el nivel de cobertura ha crecido, aunque no necesariamente de calidad; en el tema de desnutrición crónica en niños menores de tres años, Bolivia ha bajado hasta un 18,5%. Y hay dos metas que a lo mejor Bolivia logra: el acceso al agua potable y el saneamiento básico y la erradicación de la malaria. Son tareas pendientes. Están también la brecha de la inequidad, la calidad de vida, la gran diferencia entre lo urbano y lo rural, especialmente ahora que Bolivia vive un proceso acelerado de metropolización: las poblaciones se están concentrando en las áreas urbanas y eso está presionando los servicios. Se necesita un rediseño del hábitat para vivir bien; el caso de Potosí interpela a la sociedad boliviana. No es posible que existan diferencias tan marcadas entre un departamento y otro.
Potosí llama la atención por sus niveles de desarrollo rezagados…
Sí. Es más, Potosí, estadísticamente, hace bajar el índice de cumplimiento de Bolivia de los Objetivos del Milenio. Tan contrastante es el rezago que, a la hora de ver el comportamiento a nivel nacional, se ve claramente cómo afecta esto. Por ello, no creemos que está todo hecho ni mucho menos. Sólo para hablar de inequidades, la inequidad de la violencia que cada vez está avanzando más contra la mujer, la violencia silenciosa, la violencia intrafamiliar, el abuso sexual, el feminicidio, son retos que están pendientes. Entre los temas que hemos acompañado está también el del pluralismo político. Tenemos un programa de fortalecimiento de la democracia y participación política en el que hemos apoyado durante seis años a los diferentes partidos políticos en Bolivia para fortalecer sus capacidades en términos de participación en el ejercicio democrático. Ha sido un proceso interesante. En este sentido sí hay un conjunto de preocupaciones innegables.
¿Cuáles serían los principales desafíos de cara al futuro?

Para mí, el fortalecimiento del ejercicio democrático en términos del pluralismo político. El programa de NNUU dice que hay un potencial enorme en juego democrático real, pero no necesariamente ante la presencia hegemónica del partido de gobierno. La verdad es que la creación de espacios para que la democracia plural pueda fortalecerse es un desafío hacia adelante, tiene que darse un proceso de mucha mayor apertura para el juego democrático y para la participación, en plenos derechos, de los partidos políticos. Eso nos parece sumamente importante. Por otro lado, es indudable que es necesario empujar el proceso de descentralización de la gestión pública para acercar realmente la solución de los problemas cotidianos de los ciudadanos comunes. Otro tema importante es el de la justicia. El informe de derechos humanos en Bolivia muestra, con mucha claridad, las limitaciones del Órgano de Justicia, en el acceso a la justicia. Se anuncia una reforma, pero creo que este es un problema no sólo del Estado, sino de toda la sociedad. NNUU quisiera una participación amplia de la sociedad para definir qué reforma se quiere, a fin de llegar a la profundidad, a los cimientos de la justicia misma, porque no es quítate tú para ponerme yo.



La explotación de recursos en áreas reservadas y territorios indígenas
protegidos crea "una situación potencialmente delicada”
"En la Constitución Política se dice que el desarrollo económico de Bolivia tendrá como base fundamental sus propios recursos naturales con la preservación del medioambiente, pero estamos viendo que ese desarrollo posiblemente va a tocar áreas reservadas, territorios indígenas ancestrales y hay una situación potencialmente delicada”, reflexiona Katherine Grigsby al abordar el tema indígena y los planes gubernamentales para incursionar en parques y territorios indígenas en busca de hidrocarburos.
"Entonces -prosigue-, es el momento para retomar el esfuerzo que se hizo en torno del proyecto de ley de consulta previa y abrir el debate. Realmente, Bolivia tiene ahí un pendiente fundamental porque suscribió el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que tiene que ver con esto, y también la Declaración de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas”.
Grigsby dice que el conflicto del TIPNIS dejó a Naciones Unidas "una gran lección”, ya que el organismo internacional acompañó al Estado boliviano y a los pueblos indígenas originarios campesinos en los primeros pasos hacia la aprobación de un mecanismo legal, el proyecto de ley sobre la consulta previa.
"Fueron tres años de un trabajo muy arduo, con la participación de una representación de los pueblos originarios indígenas campesinos y afro descendientes en una construcción importante. Trajimos a los mejores expertos internacionales sobre este tema”, recuerda, pero finalmente el proyecto quedó congelado.
Según la diplomática, la ley de consulta previa "es un elemento que evita un riesgo innecesario como puede ser una protesta de los pueblos indígenas, que es legítima, pues son sus territorios ancestrales, son áreas protegidas”.
De no hacerlo, insiste, "se puede llegar a un momento tremendamente sensible para el país, porque si hay una decisión del Estado boliviano de avanzar con este proyecto de desarrollo, es una decisión soberana, sin lugar a duda, pero tiene una contrapartida en cómo la sociedad se involucra y acompaña o no esta decisión”.

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