11 septiembre 2016

Discapacitados reactivan sus vigilias por una renta mensual

El 27 de abril, luego de 35 días de marcha, cerca de 200 personas con discapacidad instalaron un campamento frente a las rejas que restringían el ingreso a la plaza Murillo, pidiendo una renta mensual de 500 bolivianos. Luego de tres meses de protestas sin obtener una respuesta del gobierno, el 27 de julio, dejaron su vigilia. "No es un adiós, la lucha continua”, advirtieron al partir.

Hoy, en La Paz, 10 carpas mantienen la vigilia en dos puntos de la ciudad. El resto de los miembros de la caravana se movilizan por todo el país para recolectar las 20.000 firmas necesarias para que el proyecto de ley -que las personas con discapacidad dejaron como corolario de su protesta- sea tratado por la Asamblea Plurinacional de Bolivia.

"Estamos recolectando firmas para nuestro proyecto de ley. Hemos instalado nuestra vigilia, al igual que se esta haciendo en todos los departamentos”, dice Justo Blanco, representante del Comité de Defensa de las Personas con Discapacidad de La Paz.

Junto a él, en medio de El Prado, en tres carpas pegadas a la casita de las víctimas de la dictadura -que desde hace años mantienen una vigilia frente al Ministerio de Justicia-, están cerca de 15 personas con distintas discapacidades. Al menos cinco procedentes de Oruro y Santa Cruz; y pernoctan en el lugar.

Su vigilia apenas lleva unos días, pero ya han tenido contratiempos. "El miércoles nos han destrozado una carpa. Nos movimos un rato, se la llevaron y la botaron más arriba. Hemos pedido las imágenes de las cámaras del Ministerio pero no nos quieren dar”, asegura Blanco.

En medio de la calle han improvisado una mesa con un cajón de cartón forrado con papel blanco, allí descansa un cuaderno notariado. Un bolígrafo azul marca la hoja en la que ya se ven varias firmas de apoyo.

"Ya estamos por las 800 firmas. Hay varios libros en todo el país a cargo de las federaciones locales, departamentales y regionales. Vamos a conseguir más de las 20.000”, dice animado el representante al hojear el cuaderno.

Para conseguir las firmas se turnan por grupos. En cada uno hay un responsable que explica, a todo el que se acerca, porqué es importante para las personas con discapacidad contar con un apoyo económico.

"Con los 500 bolivianos podremos hacer más para que nos alcance para tratarnos, capacitarnos o conseguir prótesis, como en mi caso. Yo, con pequeñas cosas, consigo dinerito, pero es apenas para vivir al día. Hay días que no consigo nada, mucho menos puedo pensar en una rehabilitación”, señala Martín Auca desde la vigilia que se quedó en la plaza de San Francisco.

En este espacio aún permanecen siete carpas que albergan a una veintena de personas. Entre ellas, un pequeño con síndrome de Down a quien Martín de rato en rato le presta su charango y le enseña uno que otro acorde.

El representante de esta vigilia es Francisco Gonzales, dirigente de la localidad cruceña de Guarayos. Llegó a La Paz junto a la caravana de personas con discapacidad que partió de Cochabamba el 21 de marzo.

Durante los 35 días en la carretera, Auca encabezó la marcha con paso firme, apoyado en un bastón hecho de una rama, con una bandera atada en su mochila y un letrero que le colgaba del cuello en el que pedía una vida digna. Sus pies encallecidos apenas se refugiaban en un par de abarcas gastadas por el viaje.

Su rostro tiene los rasgos típicos del indígena de oriente, la nariz amplia y los ojos grandes, redondos y hundidos. Su boca apenas alberga unos cuantos dientes que no le permiten hablar con fluidez.

"Yo he venido buscando una cosa: que el gobierno escuche, porque a las personas con discapacidad nos hace falta la renta mensual. He salido con el encargo de toda mi gente; cómo voy a volver sin nada para los que no están aquí porque no pueden ni salir de sus casas, porque están solos y abandonados”, argumenta Martín sentado bajo el sol, frente al campamento.

En casi seis meses fuera de su tierra, el frío y el sol de la ciudad altiplánica le ha cambiado el
tono y la textura de la piel. Le han salido más canas y fácilmente aparenta 10 años más de los 56 que tiene. Su indumentaria tampoco es la misma. Los paceños solidarios le han dotado de ropa abrigadora, un par de zapatos y un bastón de aluminio que reemplazó al que los policías le quitaron en una protesta.

Cuenta que se ha quedado solo, que sus padres murieron y sus familiares lo abandonaron. Su
discapacidad empezó a los ocho años, cuando los médicos de su población le diagnosticaron debilidad en los huesos y problemas pulmonares. Tiene dificultades en la columna, en ambas piernas, la cabeza y la clavícula, por eso su andar es rígido y se tambalea con cada pisada.

"No me voy hasta tener una respuesta. Pese a que mi cuerpo no resiste, yo quiero vivir y quiero seguir en mi lucha”, asevera.

Los miembros de su vigilia han conseguido una pequeña hornilla para cocinar y una garrafa que guardan luego de preparar los alimentos. "Los paceños nos ayudan bastante”, dice al ver las latas de donativos que escasean pero no desaparecen. El dinero que recolectan es destinado a comida y luego se reparten lo que queda. "A veces nos toca a cuatro o cinco bolivianos”.

En otra de las carpas está Florentina, que llegó desde Patacamaya junto a la caravana. Trabaja de vez en cuando limpiando pisos porque no puede mover las piernas. Sufre varias enfermedades, por lo que cada vez le es más difícil realizar cualquier actividad.

Ahora la vigilia no sólo acoge a los que quedaron de la caravana, sino también a personas con discapacidad que llegan a La Paz por unos días para tramitar algún documento o buscar atención médica. "Algunos compañeros no tienen a dónde ir y se quedan aquí”, dice Francisco.

Los movilizados aseguran que no se darán por vencidos y que la lucha continúa. "Vamos a seguir tocando puertas en el país y en el exterior para ser escuchados. Todavía hay vigilias en el interior, en Cochabamba, en Sucre y Santa Cruz”, advierten.

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