25 abril 2016

Roberto Laserna “Se ha caído en el error de confundir a la sociedad con el Estado, y al Estado con su burocracia”



Escritor y economista cochabambino doctorado en planificación regional y urbana en la University of California, Berkeley, EEUU, Roberto Laserna es Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo en 1976. En el campo de la investigación social ha realizado estudios sobre pobreza urbana, política antidrogas, desarrollo humano, movimientos y conflictos sociales, rentismo y democracia. Fue Profesor en la Universidad Mayor de San Simón y ha pasado temporadas enseñando en la Universidad del Pacífico (Lima) y en la Universidad de Princeton (2003–2004).

Dos de sus más recientes obras: “La democracia en el ch’enko” y “La trampa del rentismo”, se han vuelto libros de consulta para los estudiosos de la economía boliviana. CAPITALES desarrolla esta entrevista exclusiva en dos partes, la primera de las cuales publicamos hoy y la segunda el próximo martes.

CAPITALES (C). ¿Cuáles son los principales méritos y los principales errores que usted anotaría del manejo de la economía por parte del gobierno de Evo Morales?
Roberto Laserna (RL). Siempre he dicho que el principal mérito del gobierno de Evo Morales ha sido la distribución directa de dinero en efectivo. Es decir, el hecho de mantener y ampliar el Bonosol, ahora Renta Dignidad, y crear los otros bonos que llevan a una parte muy importante de los hogares los recursos de libre disponibilidad. Hay mucha gente que no logra reconocer la importancia que tiene esta política. Aunque creo que se la podría ejecutar mejor, con menos costos y mejores impactos, es necesario valorarla.

Ella no solamente otorga alguna protección a los ancianos, sino que permite distribuir recursos que son de todos, aumentando la capacidad de consumo, ahorro e inversión de las familias, y creando oportunidades de mercado para toda la gama de productores. Esos recursos llegan a todos los rincones del país a lo largo de todo el año, lo que alienta una economía de base ancha y disminuye tanto los riesgos inflacionarios como los de una fuga de divisas. Lo notable es que el Gobierno conoce muy bien estos impactos positivos que, además, han sido comprobados por evaluaciones independientes, sin embargo ha preferido destinar la mayor parte de los recursos de las rentas del gas a proyectos industriales y de infraestructura de dudoso impacto y discutible rentabilidad. En ese sentido, el mayor desacierto del Gobierno ha sido engordar al Estado con las rentas del gas, impulsando una gestión despilfarradora e ineficiente.

C. Después de varias ediciones de “La democracia en el ch’enko”, ¿continúa pensando que se constitucionalizó el ch’enko con la economía plural?
RL. La idea del ch’enko busca destacar la existencia de formas de organización económica muy diferentes, con productividades también disímiles, pero que se vinculan de una manera tal que se aprovechan mutuamente, unas para lograr su objetivo de lucro y otras para mantener su dinámica de autoempleo y supervivencia. La noción de economía plural, tal como la expone la Constitución vigente, implica reconocer justamente la existencia de esas diversas formas de organización económica, pero le añade la promesa de que, cualquiera que sea su nivel de productividad, tendrán una cierta igualdad en los niveles de consumo.

En ese sentido, la propuesta constitucional implica masivas transferencias de recursos desde los sectores más productivos hacia los menos productivos, y por ello supone también una presencia muy activa del Estado para garantizar que se realicen esas transferencias. Pero, una cosa es la promesa constitucional y otra muy distinta la realidad de la economía.
En la práctica, los excedentes que logra capturar el Estado son solamente los que provienen de las rentas naturales y no han sido transferidos a los sectores menos productivos, sino que han sido utilizados de manera más o menos arbitraria por la burocracia. Por lo demás, la apuesta por la economía plural en los términos planteados en la Constitución supone, en los hechos, que los más productivos seguirán siéndolo aún si son despojados de los frutos de su esfuerzo, lo cual es bastante ingenuo.

C. ¿ Bolivia tiene un nuevo modelo económico de tipo socialista que se diferencia de la receta capitalista? ¿Está blindado el país frente a una crisis internacional?
RL. En estos años, en Bolivia, como antes en otros países, la idea de una economía socialista ha terminado confundida con la de una economía estatista. No se han generado mecanismos de propiedad colectiva de los medios de producción, salvo con el supuesto de que el Estado representa a la colectividad y, por tanto, toda propiedad estatal es por definición también social. Este supuesto ignora la práctica real de la burocracia, que aquí, como en muchos otros lugares, ha terminado apropiándose de los medios de producción. Con el agravante de que en muchos casos no logra ni siquiera garantizar la sostenibilidad económica de las unidades a su cargo. En síntesis, yo diría que aquí se ha caído también en el error de confundir a la sociedad con el Estado, y al Estado con su burocracia. Esto, por supuesto, no es la utopía socialista prometida por sus teóricos, pero es el único socialismo que ha podido ver la historia.

Este modelo ha alentado la expansión de actividades económicas no motivadas por la búsqueda de utilidades que se generan cuando se alcanzan altos rendimientos a bajos costos, sino por proyectos de gasto público que no necesariamente toman en cuenta la relación costo-beneficio, sino los rendimientos políticos. El resultado es que, luego de haber realizado altísimos niveles de inversión pública, la capacidad productiva en el país no se ha expandido: en muchos casos se ha debilitado, lo que implica que, lejos de estar blindados, estamos en una situación muy vulnerable frente a los desafíos que nos plantea el futuro económico.

C. El país apostó al rentismo y ahora el modelo extractivista está en crisis. En su criterio, ¿el Gobierno cayó en la “trampa del rentismo”? ¿La última fue una década perdida en este sentido? ¿Qué pasó con la industrialización en Bolivia?
RL. Cuando publicamos el libro “La trampa del rentismo” junto a José Gordillo y Jorge Komadina, se veía que podíamos vivir una cierta bonanza, pero que estábamos en un riesgo muy alto de no aprovecharla. Han pasado más de diez años desde entonces y la verdad es que la bonanza fue mucho más grande y prolongada de lo que podíamos haber anticipado. Y no pudimos eludir la trampa del rentismo; es decir, no “apostamos” a un modelo rentista sino que caímos en su trampa, desaprovechando las oportunidades que brindaba la bonanza.

En ese momento advertimos que la concentración de las rentas en un Estado institucionalmente débil aumentaba los riesgos. La reforma de la Ley de hidrocarburos y la nacionalización buscaron, precisamente, concentrar en el Estado las rentas del gas. Y las reformas institucionales que promovió el gobierno del presidente Morales implicaron también un cierto debilitamiento del sistema institucional, con lo cual ambas condiciones se exacerbaron.

El único elemento que ayudó a moderar el impacto fue la creación de mecanismos de distribución de las rentas a los niveles locales y regionales del Estado. En la práctica, esos niveles recibieron más dinero del que podían gastar, con lo que se creó de facto una reserva que ayudará a paliar el impacto de la crisis.

"En la práctica, los excedentes que logra capturar el Estado son solamente los que provienen de las rentas naturales y no han sido transferidos a los sectores menos productivos, sino que han sido utilizados de manera más o menos arbitraria por la burocracia”.

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