07 noviembre 2016

Fernando Salazar P.: “Ha sido una década perdida en política exterior”

El gobierno del presidente Evo Morales se aproxima a cumplir once años. Es un tiempo en que el escenario político y económico se reconfigura tanto dentro como fuera del país, incluso con características radicales. Y es un tiempo en el que surgen las evaluaciones sobre los procesos que caracterizaron a la renovada Bolivia de la primera década del siglo XXI. En esta entrevista, el internacionalista Fernando Salazar Paredes, cuestiona el manejo de las relaciones exteriores y advierte el riesgo de que los errores cometidos deriven en un creciente aislacionismo.



OH!: ¿Cómo califica la política exterior que durante estos diez y más años ha implementado el gobierno de Evo Morales?

Pienso que es una década perdida. Cuando hablamos de una década perdida hablamos de un periodo de estancamiento y, a menudo, de retroceso en el quehacer en un determinado campo de acción. La Gran Bretaña utilizó inicialmente ese término para denominar el periodo de la post-guerra. Y quedó también muy marcado cuando en América Latina se lo usó para describir la depresión en la década de los 80.

Yo me lo presto para describir, de manera precisa, los últimos diez años de política exterior ejercidos por el actual Gobierno que inició sus actividades hace una década bajo los mejores augurios.



OH!: ¿Toda una década perdida? Suena a aplazo total, ¿por qué?

Es que arrastramos una falta de idoneidad o falta de oficio por diez años. Nos hemos olvidado de la diplomacia, la diplomacia es el arte de la persuasión, no es el arte de la amenaza.



OH!: Sin embargo, según varias voces, el perfil de la diplomacia previa al Movimiento Al Socialismo era marcadamente negativo. ¿No cree que era así?

Claro, malo o bueno, pero era perfil, se tenía un perfil, hoy no tenemos nada.

Ahora, todo tiene principio y todo tiene fin. El problema es que, cuando pase este régimen, vamos a tener que empezar todo de cero.

Se podía haber aprovechado lo poco de bueno que había y desechado lo malo. Pero nada, se desechó todo debido al complejo de Adán. Ellos tienen la creencia de que son el principio y el final.



OH!: ¿Qué se podía rescatar de la anterior diplomacia?

Había oficio diplomático, hoy ya no más. Oficio diplomático es la forma de persuadir al interlocutor para que haga lo que queremos que haga o que no haga lo que no queremos que haga.

Si queremos que Perú firme los tratados de Ilo, tenemos que tener el conocimiento de la materia y la capacidad para convencerlo, no amenazarlo. Si queremos el bioceánico, lo mismo. ¡Cómo puede ser que recién después de diez años se esté pensando en esos temas! Para ser diplomático hay que haberse capacitado, no sólo tener algún mérito o saber usar los cubiertos. Se tiene que conocer los tratados y los obstáculos que hay. Son labores de largo alcance, pero no de diez años. Había que trabajar el tema del bioceánico en vez de estar yendo a decirle a Alan García que estaba gordo.

OH!: Y usted también critica lo que se denominó la “diplomacia de los pueblos”. ¿No cree que fue una buena iniciativa?

Yo soy partidario de la diplomacia de los pueblos. El problema ha sido que ni los partidarios ni los críticos de la diplomacia de los pueblos la conocen.

Es un término estadounidense, ellos lo denominaron “la diplomacia ciudadana”, es un invento de los gringos.

La diplomacia de los pueblos no constituye la diplomacia principal, es una diplomacia coadyuvante. Son brazos complementarios a una bien estructurada política exterior que se trabajan a través de medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales, instituciones sociales, etc. Pero la diplomacia principal, la de Estado, es la que ejercen los diplomáticos que dependen del servicio exterior, que dependen de la Cancillería. Ambas diplomacias son caras diferentes de una misma moneda.



OH!: Vayamos por áreas de relacionamiento. ¿Qué panorama observa en las relaciones con los vecinos?

Con los países limítrofes el resultado es catastrófico. Con Perú las relaciones no son malas, pero tampoco son buenas. Basta mencionar que los tratados de Ilo siguen paralizados congresalmente sin que, hasta ahora, sean ratificados. Con Brasil cabe que preguntarse si, efectivamente, existe una relación punto, pese a los esfuerzos del propio Brasil de mantener un canal de comunicación en algún nivel y en algún momento. El narcotráfico y el gas, más que unirnos, nos separan.

Con Argentina, no por política, sino más bien por esfuerzos personales, se mantuvo una suerte de pacto de no agresión por razones ideológicas que, aparentemente, ha terminado pues ese país empieza a hacer valer sus intereses. Con Paraguay por mucho tiempo no tuvimos embajador acreditado de ese país y, ahora, lo ideológico empieza a tensionar la débil relación que hay. Chile es tema aparte, pues por lo general, más que país limítrofe parece servir como buena excusa para marear temas internos.



OH!: Y más allá, digamos en el entorno latinoamericano. Había ciertas historias de países que guardaban, más allá de las coyunturas, cierta amistad con Bolivia.

La relación con otros países de la región se complica cada vez más. Un aliado tradicional como Colombia dejó de serlo. Similarmente, con Panamá y México las relaciones se volvieron frías.



OH!: ¿Y el grupo de afinidad ideológica que se creó cuando el chavismo venezolano se hallaba fuerte.

Cuba, Ecuador y Nicaragua, por razones ideológicas, convergen, en ocasiones -solo en algunas- con nuestra política exterior.



OH!: ¿Y el desenvolvimiento boliviano en los organismos internacionales?

En los organismos internacionales nuestra presencia es permanente porque pagamos cuotas y acreditamos representantes y cumplimos algunas rutinas que nos dan, cuando nos toca, posibilidades de participación extraordinaria en ciertos niveles de importancia… pero nadie nos toma en cuenta. En las reuniones de la OEA, ni los aliados ideológicos se alinearon en el tema marítimo.



OH!: ¿Y la relación con las grandes potencias? ¿Qué opina del distanciamiento de EEUU y el acercamiento a China?

Con las grandes potencias nuestra relación está en concordancia con nuestra gravitación en el ámbito internacional. A los Estados Unidos poca falta le hace que tengamos o no relaciones; los rusos, en su juego de ajedrez internacional, alguna vez nos dan el rol de transitorios peones. Eso sí, la China, poco a poco, está reemplazando el rol imperialista de Estados Unidos, hipotecándonos por varias generaciones venideras.



OH!: Bueno, ya lo dijo, Chile es un capítulo siempre especial. ¿No valora como una victoria la demanda sentada en La Haya ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ)?

Se ha judicializado el tema marítimo. En el mejor escenario posible, la CIJ podrá definir que Chile debe, de buena fe y en un plazo razonable, negociar con Bolivia. ¿Ilusionar al pueblo, gastar dinero, entregar nuestra política exterior a expertos de países coloniales para conseguir una probable victoria pírrica? En política exterior como en el fútbol, lo que cuenta son los goles. Se dice que conseguimos un triunfo al decidir la CIJ que era competente… la verdad, siguiendo con la analogía futbolística, lo que conseguimos es que no se cambie la cancha, nada más. Recién ha empezado el partido y, en realidad, es un partido amistoso, que no aporta puntos, ni es clasificatorio. El verdadero partido será en la mesa de negociación y allí tendremos que medirnos con el adversario. Allí la victoria será producto de la negociación y en una negociación, la imposición deja de ser componente, si es que se quiere ganar algo.



OH!: ¿Cuál cree que es el mayor riesgo que atrae la actual política exterior boliviana?

El origen de la década perdida está claro y aún persiste, pues al no haber planificación de la política exterior, tampoco hay evaluación o análisis crítico: la excesiva ideologización, aderezada con una sistemática improvisación que hizo abstracción de la diplomacia, sustituyéndola por la pendencia y la locuacidad.

El resultado de la década perdida, en términos generales, es un evidente aislacionismo internacional del país cuyas consecuencias podían ocultarse en épocas de vacas gordas, pero ahora que las flacas están haciendo su aparición, será el detonante de momentos críticos que tendremos que enfrentar con otros actores en el ámbito internacional.

El gran riesgo para Bolivia es el aislacionismo ¿Estaremos preparados para ese escenario?



Perfil
Fernando Salazar Paredes

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Fernando Salazar Paredes
Archivo

Fernando Salazar ParedesEs paceño (73), abogado, diplomático y periodista. Fue diputado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (1985-1989), ministro de Integración de la presidenta Lydia Gueiler, representante ante organismos internacionales y docente universitario. Ha escrito ocho libros sobre relaciones internacionales. Salazar destacó en la negociación con Chile para la Resolución de la OEA del año 1983, constituida hoy en una de las pruebas de la demanda boliviana contra Chile en La Haya.

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