05 junio 2011

Vanguardia . El fortín donde empezó la guerra

Este relato de los prisioneros bolivianos en Paraguay es vívido. Después de estos hechos, el gobierno boliviano ‘invitó’ al encargado de negocios paraguayo, Elías Ayala, a embarcarse en tren para abandonar en una hora La Paz. Igual medida tomó el gobierno paraguayo con el representante diplomático boliviano en Asunción, Bailón Mercado, enviándolo a Formosa a bordo de una lancha a motor. Paraguay decretó una movilización general y Bolivia reaccionó atacando los fortines paraguayos Boquerón y Mariscal López.


Los prisioneros querían reivindicarse de lo que llaman injusticias y desean “poner a salvo su dignidad” y dar una respuesta a sus detractores. Sin más preámbulo, damos a conocer las palabras de los prisioneros bolivianos, publicadas con el título Declaración de sucesos que formulan los exprisioneros que actuaron en el fortín boliviano ‘Vanguardia’, el 5 de diciembre de 1928, con motivo del asalto de tropas paraguayas.
“He aquí nuestra relación circunstanciada”:

VANGUARDIA.- Es un fortín en las proximidades de las posesiones militares paraguayas, está ubicado a quince kilómetros hacia el norte del fortín Galpón paraguayo; es un lugar bajo, que en la mayoría de los meses del año se inunda, por lo que se hace inhabitable. Su vegetación consiste en pajonales improductivos y palmares. Dicho fortín ubicado en medio de llano dista del fortín Vitriones veinte cinco kilómetros hacia el Sud; no tiene trincheras ni fortificaciones de alguna naturaleza; su temperatura es cálida y generalmente por las madrugadas hay espesa neblina, tal vez producida por la evaporación del agua de los extensos curichis de la región.

Atropello a traición.- Era la madrugada del cinco de diciembre del año próximo pasado mil novecientos veintiocho, como a horas cinco de la mañana, en circunstancias en que nos hallábamos cuarenta y tres hombres de guarnición y los oficiales teniente Lozada y Subteniente Manchego (únicamente porque el Comandante del fortín Capitán Cárdenas estaba en Puerto Suárez que recientemente se había marchado).


Nos estábamos formando para tomar el desayuno, cuando el Cabo de servicio José Arrázola distinguió a lo lejos y hacia el Oeste unos bultos. No podía apreciarse lo que eran a causa de la espesa neblina que había. En esto le confirmo que eran hombres que se aproximaban, por el ladrido de un perro que los venía acompañando. Entonces el indicado Cabo dio parte inmediatamente al teniente Lozada, quien observó con su anteojo y confirmó que eran tropas enemigas por un jinete que se adelantó a galope y que era un parlamentario.

No debe extrañarse que no haya sido algún centinela el que haya dado la voz de alarma, puesto que no habiendo sido el ataque del lado Oeste, fue verdaderamente una sorpresa, ya que el centinela del lado Sud o sea el del camino que conduce al fortín paraguayo Galpón, quedaba en lado opuesto, y no podía observar nada. Ahora no teníamos culpa alguna en cuanto a disposiciones de seguridad, puesto que los oficiales que nos acompañaban y la tropa han cumplido estrictamente las disposiciones dejadas por el Comandante Capitán Cárdenas.


Como avanzaba el parlamentario, el Subteniente Manchego ordenó que fuera el cabo Arrázola a capturarlo, siendo entonces que hecha la intimación de “alto” el jinete se desmontó de su caballo y mostrando bandera blanca preguntó por el jefe del destacamento. Arrázola le vendó los ojos y lo condujo ante el teniente Lozada, a quien le entregó una carta en la que se imponía el término de diez minutos para que la compañía se ponga a la derecha del cuartel armando pabellones; entonces el teniente Lozada, indignado, le contestó verbalmente que no éramos ovejas y que defenderíamos nuestro suelo.


Inmediatamente retiró Arrázola al parlamentario a veinte metros al Oeste del cuartel y el teniente Lozada distribuyó toda la munición que había entre los cuarenta y tres soldados, y con el soldado Gonzalo Zambrana envió un parte a Vitriones a comunicar el asalto y pedir refuerzos. Fue alcanzado por los paraguayos a las dos leguas de distancia y lo volvieron.

Mientras el parlamentario hablaba con el teniente Lozada, las tropas paraguayas en número de trescientos hombres en su mayor parte de caballería y de infantería, se aproximaban hacia nuestras posesiones a la carga y en línea de tiradores. Casi no nos dieron tiempo para disponernos, puesto que no esperaron ni el regreso del parlamentario menos los diez minutos impuestos.


El teniente Manchego, para hacer el alto a las tropas que avanzaban precipitadamente, personalmente tomó un fusil y disparó, pero no salió el proyectil. Cambió cuatro fusiles para lograr su intento porque el armamento era malo, viejo, modelo argentino, algunos descompuestos atracados o sin aguja percutora y los cartuchos eran de fusil modelo boliviano (razón tenían los tenientes Lozada y Manchego de exigir se nos provea de buen armamento para no servir de pasto de los enemigos).

Desigual. Trescientos paraguayos tardaron tres horas en reducir a los 28 bolivianos


















Mientras esto hacía el teniente Lozada (ordenó) que cada clase tome su escuadra y luego haga fuego de retirada hacia Vitriones; antes de escuchar esta orden, varios de nuestros compañeros huyeron sin esperar órdenes y nosotros en número de veintiséis soldados y los dos oficiales mencionados resistimos el ataque del enemigo hasta que se nos agotó la munición, pues este se vino sobre nosotros en línea envolvente dadas las enormes ventajas de que disponía.

La refriega de trescientos paraguayos contra veintiocho valientes bolivianos duró tres horas, pues comenzó a las cinco de la mañana y terminó a las ocho del día en que caímos prisioneros.


Como se nos agotara la munición, tuvimos forzosamente que cesar el fuego, siendo entonces que dos escuadrones de caballería de dos alas derecha e izquierda paraguaya se nos vinieron sobre nosotros que estábamos tendidos en los pajonales del lugar. Fue imposible cualquier resistencia a la esgrima, dado el crecido número del enemigo. Antes de cesar y caer en manos del enemigo con nuestros fusiles, recibimos la orden de botar los cerrojos de nuestras armas entre los pajonales.

Resultado de la Refriega.- Los que resistimos el ataque paraguayo fuimos los siguientes: teniente Filiberto Lozada, subteniente Tomás Manchego. Soldados: Elías López, José Arrázola, José M. Arauz, Juan Hurtado, Cándido Peña, Cándido Vargas, Ignacio Vargas, Jesús Antelo, Jesús Paniagua, Ceferino Orellana, Zacarías Vaca, Samuel Vaca, Luciano Salvatierra, Gonzalo Zambrana, Modesto Mercado, Ignacio Suárez, Bautista Fernández, Mariano Rivero, Carmelo Ibáñez, Luis Farell, Ricardo Antelo, Alfredo Viera, Domingo Arroyo, Adrián Bazán, Augusto Pizarro, resultando gravemente herido en el hombro izquierdo el teniente Lozada y Francisco Justiniano en la cabeza, quien se hizo el muerto y fugó a Vitriones.


Nos honra hacer mención de nuestro malogrado compañero Adrián Bazán, que estando gravemente herido se acercó un teniente paraguayo a preguntarle lo que tenía, a lo que Bazán le contestó con un tiro de rifle que hirió gravemente al oficial, siendo entonces que los demás paraguayos le brincaron y cometieron la barbaridad de destriparlo y cortarle los testículos; las bajas paraguayas fueron diez y seis, contando a un oficial que derribó el teniente Manchego y varios heridos; esta información fue dada por los paraguayos a sus jefes y nosotros la escuchamos.

Prisioneros de los Paraguayos.- Los que quedamos con vida fuimos ultrajados de hecho y de palabras y conducidos al trote de los caballos hasta el fortín Galpón paraguayo, haciéndonos caminar por varias veces por un solo camino que hacía dar vueltas a un palmar donde había una aguada que nos servía de tentación, porque en ayunas y cansados queríamos tomar agua y no nos dejaban, máxime que estábamos débiles porque hacían tres días que comíamos muy poco y sin sal, por la carencia de víveres y el trabajo muy fuerte.

La caminata a Galpón duró diez horas porque llegamos a las seis de la tarde; no hemos de dejar desapercibido el hecho de que en el camino, nuestro compañero Ignacio Vargas, tan débil y rendido como estaba, les pedía por favor que lo dejen descansar un momento, pero sus ruegos fueron desoídos; como no pudiera sostenerse sobre sus piernas se caía a cada momento, hasta que en una de las veces un cabo paraguayo lo asesinó, descargándole su rifle en su pecho y robándole a continuación su mochila.


Cuando llegamos al fortín Galpón nos metieron a un cuarto pequeño y nos encerraron juntos a todos habiéndonos dado un vaso de agua y dos galletas a cada uno. Serían las cinco de la madrugada del día siguiente, nos sacaron y nos hicieron viajar hacia el fortín Patria. Allí a horas once de la mañana nos dieron mate cocido con cuatro galletas a cada uno y luego nos embarcaron en una chata con destino a Bahía Negra, donde llegamos como a horas cuatro y treinta de la tarde; allí sin bajarnos del barco nos entregaron arroz, trigo y frijoles y continuamos viaje hacia Puerto Diana donde llegamos como a las ocho de la noche del mismo día; luego nos encerraron, a los oficiales en un cuarto y a nosotros en otro.


Media hora después, nos dieron comida consistente en un cocimiento de los víveres que embarcaron en Bahía Negra. Al día siguiente se presentaron varios oficiales paraguayos a tomarnos informaciones sobre lo sucedido en Vanguardia. También visitaron a nuestros jefes y un cirujano paraguayo lo operó en el hombro al teniente Lozada para sacarle la bala.
La incomunicación que teníamos era absoluta, no nos dejaban hablar con las personas que venían a vernos. Así estuvimos quince días. Nos sacaron al corredor de nuestra prisión y de allí pudimos ver a un avión boliviano que bombardeó Bahía Negra con cuatro bombas que al decir de los paraguayos no explotaron.


A los quince días nos embarcaron en el vapor Parapetí, el que nos hizo pasar por todos los puertos con destino a Villa Hayes; en esos puertos nos insultaban y amenazaban de muerte; a los ocho días después de la salida de Puerto Diana llegamos a nuestro destino en donde nos metieron en un calabozo dentro del cuartel que colinda con una calle, a los oficiales los metieron en otro lugar.


Después de mucho tiempo recibimos por parte del cónsul boliviano residente en Corumbá, ropa para vestirnos porque varios de nosotros habíamos quedado casi desnudos por la sorpresa que nos dieron en Vanguardia, donde se robaron todo lo que teníamos e incendiaron el fortín.


Todo el tiempo que estuvimos en nuestra prisión no pudimos ver a los tenientes Lozada y Manchego, a excepción hecha del cabo Arrázola, que con motivo de que el teniente Lozada se enfermó gravemente a los tres meses que llegamos a Villa Hayes, se le permitió a aquel que lo asista.



Sacrificio. El fortín de la foto se llama Ballivián. Vanguardia fue construido en tres meses por los soldados














Nosotros fuimos mal tratados por los paraguayos, desde la comida escasa que nos daban hasta los calabozos sucios que nos servían de morada, llenos de humo a diario por colindar con la cocina del cuartel. En uno de esos días los oficiales paraguayos nos visitaron y nos distribuyeron a cada prisionero de a 1533 pesos paraguayos, manifestándonos que era remisión de nuestro gobierno. Nada sabíamos de nuestra casa común, lo que sucedía en nuestra frontera, hasta que un buen día vimos que circulaba entre la tropa un boletín anunciando seguramente algo que al leer veíamos que se ponían tristes, siendo entonces que a un soldado paraguayo de los que nos hacían el servicio de guardia, le ofrecimos paga para que nos traiga un boletín y aceptando la propuesta nos trajo uno a escondidas de los demás, donde nos dimos cuenta de la toma por fuerzas bolivianas de los fortines paraguayos del Pilcomayo a base de un brillante triunfo sobre fuerzas de Asunción.

En nuestra prisión los paraguayos nos fotografiaron, luego llegó un hidroavión argentino con dos pilotos habiendo estos solicitado nos dejemos fotografiar, negándonos rotundamente a tal solicitud, porque vimos que con la primera fotografía que nos sacaron servíamos de fiesta en el pueblo, dada nuestra indumentaria, pues se vendía cada copia en cinco pesos.= Nos indicaron allí que podíamos escribir a nuestras familias con la condición de que digamos que estábamos bien atendidos y que les entreguemos las cartas abiertas para revisarlas, así lo hicimos al principio, pero cuando supimos que los paraguayos aprovechaban de este recurso para inventar cosas en contra de nuestra patria, el teniente Lozada nos hizo prohibir que escribiéramos a nuestras casas. No es cierto que nos haya visitado el Presidente paraguayo, pues hasta ahora no le conocemos, tal vez lo haría a nuestros oficiales.=

De regreso de la prisión.- El primero de julio poco más o menos nos embarcaron de Villa Hayes con dirección a Corumbá en el vapor de guerra paraguayo Triunfo, habiéndonos desembarcado el siete a este puerto, nos recibieron los representantes del Brasil, de Estados Unidos y el Cónsul Boliviano de Corumbá, luego nos pasaron incomunicados al vapor brasilero “Argentina” que estaba anclado en dicho puerto.- Al día siguiente se reunieron los mismos representantes, más el Cónsul paraguayo y nos hicieron interrogaciones aisladamente; cuando terminaron de esta diligencia, nos embarcaron a una lancha y nos trajeron a Puerto Suárez, donde el Representante Yanqui que vino con nosotros, nos entrego oficialmente.

En nuestra tierra.- Grande fue la alegría experimentada al llegar a Puerto Suárez después de siete meses de prisión, donde hemos llevado una vida de sufrimiento, pues no hay cosa que más extrañe un ciudadano desde la distancia que su patria misma, donde cree siempre hallar ambiente para su tranquilidad y un estímulo para cualquier sacrificio que se hace como buen servidor de su patria (...)


Luego nos pasaron a un cuarto fuera del cuartel y a los oficiales en otro, allí estuvimos nueve días. Al cabo de este tiempo el Coronel Kaiser y el Comandante de la Quinta División, nos manifestaron que podíamos viajar a Santa Cruz y pagándonos de ocho meses de socorro, de un año que nos debían desde el veinte nueve de junio de mil novecientos veintiocho en que viajamos de esta ciudad hasta nuestra vuelta de la prisión, nos dijeron además que en esta nos pagarían de los cuatro meses restantes, bagajes y nuestras libretas que acreditan haber prestado el servicio militar.

A nuestros oficiales teniente Lozada y Subteniente Manchego, les han pagado mal, pues como premio de su heroica resistencia en Vanguardia se les ha puesto en disponibilidad con residencia fija en Puerto Suárez y en la categoría B sin que se les oiga el deseo que tienen de que se les llame a La Paz para juzgarlos legalmente y puedan salir libres de cualquier injusticia que se les hace y tal vez puedan decir algo respecto de nuestro heroico comportamiento en dicha acción de armas.

En camino a Santa Cruz.- Al venirnos tuvimos que comprar un rifle Winchester para nuestra defensa contra las fieras y los salvajes del camino.En San Lorenzo, un fortín antes de llegar a Roboré fuimos encontrados por una comisión militar compuesta por el coronel Cárdenas, por el teniente Pol y un capitán que le conocíamos y nos recibieron informaciones respecto de los sucesos en Vanguardia. Cuando terminaron, el Coronel Cárdenas que había sido hermano de nuestro Capitán Cárdenas en Vanguardia que ahora esta ascendido a Mayor, nos encargó con mucho interés que cuando hayamos llegado a Roboré y una vez que el coronel Alcoreza nos interrogue sobre lo mismo, que no le demos declaración alguna; ignoramos nosotros el por qué de este encargo, el hecho es que así lo hicimos en Roboré (...). Luego pasamos nuestro camino donde hemos llevado una vida de peripecias durante un mes de viaje donde trajimos enfermos a dos compañeros.= Llegados a la ciudad, nos presentamos al cuartel de la Policía donde el Mayor de Plaza coronel Ferrufino, nos manifestó que no tenía instrucciones de ninguna naturaleza y que nadie le había mandado nuestras libretas, prometiendo comunicar al Estado Mayor nuestra llegada.

Dejamos constancia de nuestro agradecimiento al pueblo de Santa Cruz por la generosa acogida de que hemos sido objeto a nuestra llegada y al Centro Amigos de la Ciudad, por la iniciativa de colecta en el pueblo para darnos algún subsidio.


Santa Cruz, diez y seis de septiembre de mil novecientos veintinueve. José Arrázola- Cándido Peña- Modesto Mercado- Luciano Salvatierra- José M. Arauz- Jesús Antelo- Bautista Fernández- Ceferino Orellana- Zacarías Vaca- Juan Hurtado- Ignacio Suárez- Luis Farell- Carmelo Ibáñez- Jesús Paniagua- Samuel Vaca- Gonzalo Zambrana.
(Firma de soldados de
Fortín Vanguardia). Moisés Astete, Notario Público.

La guarnición del fortín boliviano
“Esta estaba compuesta por cuarenta y tres soldados nuevos, todos cruceños cuyos nombres son los siguientes; José Arrázola, José M. Arauz, Juan Hurtado, Cándido Peña, Cándido Vargas, Ignacio Vargas, Jesús Antelo, Jesús Paniagua, Ceferino Orellana, Zacarías Vaca, Samuel Vaca, Luciano Salvatierra, Gonzalo Zambrana, Modesto Mercado, Ignacio Suárez, Bautista Fernández, Mariano Rivero, Carmelo Ibáñez, Luis Farel, Ricardo Antelo, Alfredo Viera, Domingo Arroyo, Adrián Bazán, Augusto Pizarro, Francisco Justiniano, Eliodoro Peña, Francisco Vial, Pedro Camargo, Erasmo Leiva, Marcos Conema, Benigno Banegas, Esteban Chuviro, Teodosio Cuéllar, Vicente Barba, Juan Chimba, Juan Rojas, Gavino Sánchez, Hermógenes Sánchez, Demetrio Suárez, Emiliano Menguta, Pedro Lauriz, Asencio Abiyuí, Roberto Núñez, José Barbosa, Moisés Cabral e Ignacio Cruz.- Con el Comandante Capitán Cárdenas, Teniente Filiberto Lozada y Subteniente Tomás Manchego formábamos la primera Compañía del Regimiento Quijarro trece de Infantería que estaba acantonada en el fortín Vitriones cuyo jefe era el Teniente Coronel Ángel Ayoroa. Nosotros hemos sido los edificadores de las instalaciones de dicho fortín Vanguardia por espacio de tres meses de trabajo fuerte, porque teníamos que luchar contra las inclemencias del tiempo y la falta de materiales cerca de nuestra posición. Nos enorgullecemos de haber hecho flamear por primera vez en dicho lugar nuestra tricolor”. Como testigos del documento figuran Felipe Medina M. Y Jesús Pareja C.

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